Presentación del Capítulo 3
“La contingencia de una comunidad liberal”
del libro
“Contingencia, ironía y solidaridad”
de Richard Rorty
Nota: La grabación de la primera clase, en la cual se expone el tercer capítulo del libro “Contingencia, ironía y solidaridad” de Richard Rorty está en muy malas condiciones, por lo que, en base al material que se poseía, se dividió el trabajo en tres partes: la primera parte está compuesta por las intervenciones del profesor (lo único que se pudo desgrabar), en la segunda parte están los apuntes en los cuales se basó el grupo para presentar el libro, y en la tercera parte se exponen algunos conceptos claves, los cuales fueron extraídos del Diccionario de Filosofía Herder, versión 1996.
Primera Parte
Alumno A: (Lee biografía de Richard Rorty) nació en Nueva York….
Profesor: ¿Qué significa “contingencia”? La contingencia es una categoría de la lógica, esto quiere decir del pensamiento. Como categoría lógica, hay que contraponerla a otras categorías lógicas, y la contraposición más clara es la que vamos hacer con la categoría de “necesidad”. Lo contingente es lo opuesto a lo necesario. ¿Qué es lo necesario? Lo necesario es lo que es de una manera y no puede ser de otra. Es aquello cuyo contrario es imposible. Si digo, por ejemplo: “el triángulo tiene tres lados y tres ángulos”, esto es necesario. Es imposible que un triángulo tenga más de tres ángulos o menos de tres ángulos, o tenga más de tres lados o menos de tres lados. Si en cambio digo: “mañana va a salir el sol”, esto es contingente, porque depende de una serie de otros hechos que no están en absoluto garantizados. Es “improbable” que mañana no salga el sol, pero no es imposible. Esta afirmación: “mañana va a salir el sol”, es una afirmación contingente. Es así, pero puede ser de otro modo. Incluso en los hechos que ya han sucedido (ya que la afirmación anterior se refiere al futuro, a mañana), sobre el pasado, como por ejemplo, cuando digo: “ayer salió el sol”, también es una afirmación contingente: ocurrió, pero pudo no haber ocurrido, si las condiciones hubieran sido otras en el universo.
Alumno B: (…habla del ejemplo de la teoría de la relatividad)
Profesor: Por eso, en el comienzo, ella mencionó lo fáctico (factum son los hechos, lo que se da de hecho) pero es lo contingente. Toda existencia, todo hecho es contingente. Este es un concepto central en Rorty.
Cuando hablamos de una relación “necesaria”, cuando nos referimos a la lógica de la necesidad, no es posible lo contrario ni lo contradictorio. Las afirmaciones contradictorias son aquellas que no pueden ser ni verdaderas ni falsas al mismo tiempo, si yo digo “la pared es blanca y la pared no es blanca”, allí hay una contradicción. La contradicción excluye. Es imposible que se dé al mismo tiempo lo contradictorio, que dos afirmaciones contradictorias sean verdaderas al mismo tiempo. Si “la pared es blanca” es verdadera, entonces, “la pared no es blanca” es falsa.
Cuando se determina un sistema de necesidad, un sistema de combinaciones necesarias, esto es también la determinación de la imposibilidad de contradicción. Un sistema necesario es un sistema que excluye de sí toda contradicción. En cambio un sistema real, un sistema de hechos, admite la contradicción, porque los hechos son contingentes.
Determinadas teorías, partiendo del racionalismo (piensen en Descartes, en Hobbes, en los autores del siglo XVII, en la física de Galileo) conciben a la naturaleza teniendo un orden necesario. La naturaleza está (para ellos) ordenada de la misma manera que la razón, estaáordenada matemáticamente y, por lo tanto, no admite la contradicción. Para los racionalistas, los procesos reales son procesos necesarios, porque no hay diferencia entre el orden de la realidad y el orden de la lógica. Estos autores, al identificar la naturaleza con la razón, piensan que la realidad y los hechos son también son lógicos y necesarios. Por lo tanto, no hay contingencia en los hechos. Ahora, son estos autores del siglo XVII los que dieron las herramientas para el desarrollo de la ciencia moderna y de la sociedad política el siglo XVIII. Lo que va a poner en cuestión Rorty es esta identificación de la razón con la realidad. Rorty defiende la tesis de que la realidad y los hechos son contingentes, tanto los hechos colectivos como los hechos individuales, que atañen a distintos individuos. Son estructuras contingentes, articulan prácticas, articulan acciones. El lenguaje es una construcción práctica, la individualidad es una construcción práctica: nos hacemos a nosotros mismos, la comunidad es una construcción práctica, nos hacemos comunidad, por lo tanto, todas las relaciones sociales son contingentes. Lo que va a defender Rorty es la contingencia de los hechos, del lenguaje, de los individuos, de las sociedades, contra las posiciones o teorías que suponen que la realidad es necesaria. Posiciones filosóficas como las de la ilustración, posiciones científicas, como las de la ciencia positiva o naturalista, y posiciones morales y religiosas, son absolutistas, suponen que hay un fundamento absoluto, necesario, y que todo está determinado necesariamente.
Alumno C: Hay una línea filosófica anterior a Rorty, llamada Pragmatismo Americano, que influye en el desarrollo de su pensamiento.
Profesor: Nosotros no vimos a los pragmatistas norteamericanos, pero sí vimos a los liberales y a los empiristas, que constituyen una tradición anterior a los pragmatistas. El empirismo de Hume o el liberalismo de Locke, son antecedentes de la filosofía pragmatista.
Prágmatas, en griego, significa: los asuntos, los negocios, las actividades cotidianas. Los pragmatistas sostienen que la realidad es el producto de la acción, y es lo que hacemos en los asuntos que nos ocupan cotidianamente. No hay que (para conectarlo con lo que estábamos hablando antes sobre la necesidad) pensar la realidad como un sistema necesario de substancias, sino que hay que pensar la realidad como producto de acciones contingentes o como el producto de la experiencia.
Alumno C: Él no se considera un filósofo, y cuestiona la posición que se le otorga a quienes parten de esta disciplina, en relación con otros tipos de conocimiento.
Profesor: Rorty prefiere situarse en el ámbito de la literatura y por eso el modelo que va a tomar de referente para pensar la sociedad liberal, son los del poeta y el revolucionario, los que se imaginan una sociedad nueva y crean un lenguaje para describirla.
Alumno C: Cuando habla de … a la búsqueda de una verdad ultima.
Profesor: La búsqueda de la verdad última fue un modelo que sirvió para la construcción de las sociedades hasta el siglo XVIII, o tal vez hasta el siglo XIX, pero ya no nos sirven. Así como fue útil la ciencia de Aristóteles o la teología cristiana para desarrollar la cultura de esa época, pero después esas metáforas se convirtieron en un obstáculo para la creación de nuevas realidades.
Alumno F:…
Profesor: Todo nuestro conocimiento deriva de la experiencia y del contexto de nuestro mundo. No podemos trascender esa limitación, ese paradigma (como diría Kuhn), y por lo tanto, no hay posibilidad de tener una visión totalizadora de la realidad, ni histórica, ni natural, ni sobrenatural, ni metafísica. En ese sentido, Rorty se alinea en una perspectiva (llamada posmoderna) que sugiere que no hay metanarrativas: los relatos o discursos de la religión, de la filosofía, de todo lo que pretende dar cuenta del conjunto de la realidad tiene que se desechada. Podemos aceptar explicaciones parciales, formas de expresarse diferentes, pero no se puede pretender que explique todo, y esto por una limitación que hay en el hombre mismo. En este sentido, Rorty estaría de acuerdo con la perspectiva de Arendt, y hablaría de una “condición humana”, y no de una “naturaleza humana” que nos lleve a pensar en un fundamento absoluto.
Profesor: ¿Comenzamos con el Capítulo tercero?
Alumno B: El título de este capítulo es “la continencia de una comunidad liberal” (describe conceptos como léxico y racionalismo).
Profesor: Dos cosas, sobre esto, primero: el racionalismo supone un fundamento último a partir del cual se deriva todo lo demás, desde donde se puede explicar todo lo demás. El fundamento es la razón de ser. Hay un principio lógico, que se lama “principio de razón suficiente”, que dice que todo lo que es, tiene una razón o una causa. No hay casualidad. En todo tiene que mostrarse el fundamento, en todo lo que es debe haber una causa. La causa es el fundamento lógico, es el fundamento de toda realidad
Alumno B: No hay nada que no sea inteligible, la racionalidad…o conforme a ella
Profesor: Toda realidad tiene un fundamento, a partir del cual se puede descifrar todo lo demás. Todo lo demás está conectado con ese fundamento, o sea, hay una relación causal entre todos los elementos de la realidad que determina la posición o la identidad, de cada elemento. Aristóteles pensaba que en la naturaleza todo tiene un lugar determinado. Todas las cosas son lo que son, porque la naturaleza les da un lugar determinado. La concepción cristiana se aleja un poco de esta perspectiva: se piensa que Dios es el creador de todos los seres y al crearlos, los piensa. El pensamiento divino es el fundamento de toda la realidad. Dios, al pensarlo, le ha dado una esencia y un lugar a la realidad. A partir de Dios como causa o fundamento, podemos encontrar una justificación de todo lo existente, aunque no lo podamos comprender: ¿para qué creó las cucarachas? O ¿para qué creó a los tiburones? A veces no podemos comprender las causas, o sea, por qué Dios hizo esto, pero eso supone que Dios lo hizo, y que tiene una razón que puede justificarse. Si pudiésemos comprender la razón divina, seguramente comprenderíamos por qué hay cucarachas o por qué hay tiburones. En el siglo XVII, Galileo piensa en una idea semejante: “todos los cuerpos están determinados por un principio último”, ¿cuál es este principio último? El principio de inercia. Si queremos explicar cualquier realidad del universo, debemos acudir al principio de inercia. La inercia determina la posición, la fuerza, la situación de cualquier cuerpo. Galileo explica de esta manera todos los hechos naturales. A partir de la misma concepción se procede en las ciencias sociales: es el mismo principio (el principio de inercia o principio de conservación de la vida) el que permite explicar cualquier realidad humana. Todo se deriva de ese principio. Recuerden cómo Hobbes fundamenta el surgimiento de la sociedad y el estado: si todos los humanos tienden a la conservación, y los recursos son insuficientes, entonces, necesariamente, se genera una situación de inseguridad; la situación de inseguridad lleva a la guerra, y para prevenirse de la inseguridad se debe atacar primero, y eso es la guerra. La amenaza permanente lleva necesariamente al terror, y el terror lleva a pensar en algún recurso, en alguna forma de hacer la situación más estable. De allí surge el pacto social y el Estado. Todo está ordenado por una causalidad necesaria, y ésta determina lo que hace cada individuo. Entonces, destacamos dos elementos fundamentales: el fundamento o principio a partir de lo cual se justifica todo lo demás, y conexión necesaria entre los elementos.
Profesor: ¿Cuál es el título del capítulo?
Alumno B: La Contingencia de una comunidad liberal.
Profesor: ¿Qué significa “contingencia”? , y ¿qué se puede decir de “comunidad” y de “liberal”? (ver definiciones en la Tercera Parte)
Alumno B: Explicación del concepto de comunidad.
Profesor: Comunidad tiene el significado de sociedad de los individuos. Esto es más o menos análogo a lo que vimos el cuatrimestre pasado, desde el comienzo de la modernidad. ¿Por qué “liberal”? Desde la perspectiva de Rorty, coherentemente con lo que dijimos ante sobre la contingencia, no es posible una visión totalizadora del hombre y de la sociedad. Para poder explicitar bien que se entiende por liberal es necesario definir la libertad, como se defina la libertad individual.
Alumno B:
Profesor: ¿Qué sociedades pueden ser un referente de una sociedad liberal?
Alumno F: Estados Unidos
Profesor: Está bien. Europa también, algunos países europeos como Dinamarca, Francia, Alemania, Inglaterra...
Profesor: ¿Cómo se justifican estas sociedades? ¿Qué es lo que fundamenta la forma de vida norteamericana o británica? Díganme autores en los que se fundamente la sociedad liberal.
Alumno H: John Stuart Mill, Tocqueville...
Profesor: También Rousseau, Montesquieu o Kant, y los constitucionalistas norteamericanos Madison, Jay, Jefferson, etc.. Ésta es la justificación tradicional. Estos autores nos dan una teoría racionalista, fundamentan el liberalismo desde el racionalismo, desde la ilustración.
Entonces se hace una justificación de las sociedades liberales a partir de esta orientación racionalista ilustrada. Rorty replantea esta justificación, y sostiene que es necesario crear un léxico nuevo para justificar la forma de vida liberal. El léxico anterior, es decir, la forma en que antes se había justificado la sociedad liberal, ya no es suficiente para la forma de vida actual, porque las teorías han quedado pegadas a la historia pasada, y ya no es suficiente para justificar la comunidad actual.
Profesor: Existen dos concepciones de la libertad: la libertad positiva y la libertad negativa. La libertad positiva se define por el fin que persigue la voluntad, es una “libertad para...”. Como no todos coinciden en cuál sea el fin, no todos coinciden en esta concepción de la libertad. Para Aristóteles, por ejemplo, es el bien común; para Hobbes, en cambio, el fin es la autoconservación. Para J. S. Mill es el desarrollo pleno de la individualidad. Cuando se advirtió que no todos los hombres persiguen los mismos fines, que no todos quieren los mismos objetos, comenzó a definirse la libertad en sentido negativo. Definirla negativamente es definirla por aquello que no es. En este sentido, se sostiene que nadie tiene derecho a imponer a otro su forma de vida. Los partidarios de la libertad negativa sostienen que si hubiera un fundamento absoluto, si pudiésemos determinar qué es el hombre, por ejemplo, a partir de la comprensión de lo que Dios ha querido para el hombre, o de una comprensión científica de lo que el hombre es, o a partir su la condición de ser racional, etc.; si pudiésemos determinar qué es el hombre, entonces de allí se derivarían todos los requisitos para la vida social del hombre. Pero como no se puede determinar la naturaleza del hombre, como no hay fundamento último que pueda ser justificado, entonces, la condición del hombre es contingente.
¿Qué quiere decir que es contingente? Que no la podemos definir. En última instancia, no se puede determinar en qué consiste el ser humano. Para unos, lo humano consiste en la solidaridad (Rousseau) y para otros en el egoísmo (Hobbes); para unos consiste en amar a Dios (San Agustín) y para otros en el ateísmo (Nietzsche); entonces, como no se puede determinar una finalidad última para todos los hombres, hay que atenerse a la contingencia. ¿Qué significa contingencia? Hay que atenerse a las situaciones de hecho, a lo fáctico: existen hombres que quieren una cosa y otros que quieren otra cosa. En consecuencia, no se puede determinar la libertad a partir de aquello que todos los hombres quieren, hay que determinarla negativamente: que nada se imponga contra la voluntad propia.
En la página siguiente Rorty pone en conexión la afirmación de Berlin con una ampliación de Shumpeter que es: “lo que distingue al hombre civilizado del bárbaro, esto es al liberal, es advertir la validez relativa de sus propias convicciones y defenderlas sin embargo resueltamente, eso es la contingencia, saber que lo que yo busco, o mi concepción de la libertad, no es absoluta, y hay otros que piensan que la libertad es otra cosa, y que no hay forma de determinar que uno tenga más razón que otro.
El concepto de “relativo” que utiliza es engañoso, porque es la contracara de lo absoluto. Uno dice que algo es relativo, cuando está pensando hay también algo que no es relativo, o sea, que es absoluto. Pero lo que están sosteniendo Berlin y Rorty es que no hay un fundamento absoluto, entonces, tampoco hay nada relativo. Lo absoluto establece una relación necesaria entre los elementos. Si no hay un fundamento absoluto, la relación entre los elementos no es necesaria, es contingente. Mejor que hablar de “relativo” y “absoluto”, es hablar de contingente/necesario. A partir de esta distinción, Rorty discute con Sandler, porque éste supone que hay fundamentos absolutos.Leamos la crítica de Sandler.
Alumno C: Página 65, La posición relativista, ….por que las defiende resueltamente
Profesor: Si no puedo estar seguro de que esta forma de vida es absolutamente valida, si lo que digo es que lo es solo relativamente, entonces ¿Por qué la defiendo? ¿Por qué digo que es mejor que la otra?
Alumno C: valores que … en tal caso, en que puede consistir su condición privilegiada?
Profesor: O sea, ¿Por qué esa afirmación de libertad, es mejor que las otras afirmaciones de la libertad, una persona de una religión dice:, “para mi en lo que consiste la libertad, es en amar a Dios, y “ ¿Por qué esa concepción de la libertad es peor que la que tiene un liberal y por que debería imponérsele al otro esa? Si se esta diciendo que todas las libertades son negativas, entonces no puedo privilegiar la mía, sobre las demás. Esto es lo que le cuestiona Sandler.
Alumno C: Si la libertad proporciona …si es solo un valor entre muchos otros, entonces que puede decirse….
Profesor: ¿que puede decirse a favor del liberalismo, por que la libertad?
O sea que se le podría responder a un fascista, o a alguien que lea a Rorty, por que libertad? ….¿Por que defender la libertas, desde donde defender la libertad plantea Sandler? ¿Cómo responde Rorty a este planteo?
Alumno B: ….
Profesor: Suponemos que el hombre está escindido en dos ámbitos, el ámbito de lo absolutamente fundamentado, el ámbito de lo divino, el ámbito de lo pensable (como lo llamaba Platón) y otro ámbito que es subordinado, que es secundario, que es el ámbito de las sensaciones, de las opiniones. Vamos a tener dos modelos de referencia: uno es el de Platón, para quien las ideas dan un fundamento absoluto al conocimiento de la comunidad y también a la práctica. Por eso la polis en Platón, debería estar gobernada por los que saben, por los que tienen el conocimiento verdadero, y por lo tanto, los que acceden al Bien, al conocimiento del Bien. El Bien en Platón es el fundamento absoluto, a partir del cual se construye la identidad individual. Recuerden la idea de justicia en el individuo: la justicia en el individuo consiste en que las pasiones y los deseos se subordinen a la razón, y la justicia de la polis, consiste en que los distintos sectores de la comunidad se sometan al gobierno de los filósofos.
Otra concepción es la de Kant, quien también plantea que el hombre es escindido en dos ámbitos, el del entendimiento y el de las pasiones, y que por estos dos caminos se complementan en el conocimiento, y que son mutuamente necesarios para el conocimiento, pero en la práctica, o sea, en la acción de los individuos, lo que determina la acción es la razón, ¿Cómo sé qué es lo correcto? Para Kant, es la razón la que me dice qué es correcto, porque la razón puede comprender cuando un fin es universal. Lo particular no es lo que conviene a todos los hombres: si yo estuviese defendiendo los dioses de mi tribu, no puedo pretender que esa convicción sea postulada como un principio moral para todos los hombres, porque la otra gente no tiene la misma religión. Pero si yo postulo principios o valores racionales, estos valores van a ser universales, y por tanto tienen que ser adoptados por cualquier hombre que tenga uso de razón. Ese es el fundamento que da Kant de la moral, y es el fundamento de los derechos del hombre, el de la revolución francesa, que permite decir que hay un derecho que le pertenece a todo hombre.
Estas posiciones son las que Rorty quiere dejar atrás, y plantear una justificación no basada en la universalidad o en la razón.
(Hasta acá se escucha la grabación)
Segunda Parte
Biografía
Richard Rorty es un filósofo norteamericano contemporáneo. Nació en Nueva York, en 1931. Fue profesor de filosofía en la universidad de Princeton hasta que en 1983 renunció a su cátedra de filosofía para ocupar el puesto de profesor de Humanidades en la Universidad de Virginia. Dicho cambio profesional no es ajeno a sus tesis sobre el papel de la filosofía, que él combate en la medida en que pueda ser entendida como búsqueda privilegiada de fundamentos. En este sentido se sitúa, por una parte, en la línea que entronca con el pragmatismo americano, especialmente en la tradición de Dewey; por otra parte, en la línea de la filosofía postnietzscheana de Wittgenstein y Heidegger que retoman el impulso poético como camino de reflexión y, finalmente, entronca con la crítica de filósofos como Quine, Sellars y Davidson al esencialismo y al dogma del representacionismo.
La Contingencia De Una Comunidad Liberal
En este capítulo, Rorty plantea que el léxico del racionalismo ilustrado, el cual fue importante en los comienzos de la democracia liberal, constituye un obstáculo para la preservación y el progreso de las sociedades democráticas actuales. Plantea sustituir el léxico que gira en torno de las nociones de verdad, racionalidad y obligación moral, por aquellas que toman los conceptos de metáfora y creación de sí mismo. Intentará redescribir la esperanza de la sociedad liberal, de sus instituciones, de una manera no racionalista y no universalista.
En una cultura liberal no hay lugar para la noción de que hay fuerzas no humanas ante las cuáles habrían de responder los seres humanos, y esto excluiría, o reinterpretaría, tanto la idea de sacralizad, como la de devoción a la verdad, y la de satisfacción de las necesidades del espíritu.
Ante esto, pierde sentido la idea de que las metas de la sociedad liberal son valores morales objetivos, y que sus instituciones sociales son cada vez más racionales.
Rorty encuentra similitudes con el pensamiento de Isaiah Berlin, quien cita Joseph Shumpeter, quien dice: “lo que distingue al hombre civilizado del bárbaro, es advertir la validez relativa de las propias convicciones y defenderlas, sin embargo, resueltamente”, lo cual Rorty traduce en la afirmación de que las sociedades liberales del siglo XX han producido cada vez más personas capaces de reconocer la contingencia del léxico en el cual formulan sus esperanzas (las contingencias de su propia conciencia) y que se han mantenido no obstante fieles a esa conciencia.
Rorty plantea que la libertad como reconocimiento de la contingencia es la principal virtud de los miembros de una sociedad liberal.
Michael Sandel critica la concepción que Rorty afirma, acusándola de plantear una validez relativa, pero éste cree que es mejor no emplear esta expresión ya que entonces no habría afirmaciones que fuesen absolutamente válidas, más allá de las verdades elementales de la matemática y cosas semejantes, de las cuales nadie se propone argumentar porque no son polémicas, ni fundamentales para la comprensión que alguien tenga de quién es y por qué vive.
Se tendría que contrastar el concepto de “creencias sólo relativamente válidas” con la noción de “validez absoluta” que sólo se da en la suposición de un yo que se divida con perfecta nitidez entre razón y pasión, o entre razón y voluntad, pero esto va en contra de los principios liberales.
Lo único que se pueden permitir al respecto es una restricción al empleo de la oposición de formas racionales e irracionales de persuasión al interior de un juego de lenguaje (lo que importa son los cambios del léxico antes que los cambios de creencia)
No hay una manera precisa de trazar una línea entre la causa del cambio de una creencia que era también una razón, y la causa que esa una mera causa.
La distinción entre razones y causas pierde utilidad, cuando se desea saber el modo en que se pasa de un léxico a otro; del dominio de una metafórica a otra; de los que hablan el viejo lenguaje y de los que intentan emplear el nuevo lenguaje; contando ambos bandos con filósofos para apoyar las opuestas invocaciones a la distinción entre razón y causa mediante la elaboración de una psicología moral, una epistemología o una filosofía del lenguaje, que contemplen con una luz negativa a los que están en el otro bando.
No es conveniente hacer una distinción entre lo racional y lo irracional, al intentar dar una coherencia interna se excluyen cosas que se podrían denominar irracionales, las cuales intervienen como causantes de los cambios y de autocrítica. Tomando a Davidson, no se puede suponer que los liberales deban ser capaces de elevarse por encima de las contingencias de la historia y ve la especie de libertad individual que el Estado liberal moderno ofrece a sus ciudadanos sólo como un valor entre otros.
Inversamente, aceptando la tesis de Davidson, de que las nuevas metáforas son causas, pero no razones, de los cambios de creencia, y a afirmación de Ele de que con las nuevas metáforas las que han hecho posible el progreso intelectual; no se puede hablar de un “criterio relativista”. Porque no había una perspectiva más elevada, por encima del lenguaje, de la cultura, de las instituciones y de las prácticas que uno ha adoptado, y ver a éstas en plano de igualdad con todas las demás. Davidson dice: “No hay posibilidades de que alguien pueda alcanzar un puesto privilegiado para comparar esquemas conceptuales reprendiéndose momentáneamente del propio”. El lenguaje cambia en el curso de la historia, de manera que los hombres no pueden escapara de su historicidad.
Contrario a Davidson y a Heidegger, Sandel expone la idea de que el lenguaje va moldeándose para acercarse a la verdadera configuración del mundo verdadero y del verdadero yo, protegiendo siempre los intereses de la razón. Según Rorty, para la idea de una sociedad liberal es fundamental que, con respecto a las palabras opuestas a los hechos, en la persuasión en tanto opuesta al a fuerza, todo vale. Busca una sociedad en donde no impere la lógica. Expone la necesidad de una redescripción de la sociedad liberal, buscando poetizar la cultura, y no tornarla científica.
A una cultura así no le aterrorizarían conceptos como relativismo o irracionalismo. Concebiría la justificación de la sociedad liberal simplemente como una cuestión de comparación histórica con otros intentos de organización social: los del pasado y los ideados por utópicos.
Para esto, se parte de la idea que los léxicos son creaciones humanas, herramientas para crear otros artefactos (poemas, sociedades utópicas, teorías científicas y generaciones futuras), sobre éste pensamiento debería construirse la retórica del liberalismo.
Pensadores como Davidson, Wittgenstein, Dewey y Berlin permiten una redescripción del liberalismo, buscando proporcionar a dicha cultura liberal contemporánea un léxico que es enteramente suyo, depurándolo d los residuos de un léxico que fue apto para las necesidades de épocas pasadas.
Rorty plantea que no se puede partir de una neutralidad filosófica, en cuestiones políticas de tal magnitud, plantándose sobre los principios del liberalismo, y que su utilidad (de la creación de una nueva forma de vida cultural, de un nuevo léxico), se podrá explicar de manera retrospectiva.
Una vez que imaginemos como emplear los léxicos de estos cambios, podremos narrar una historia de progreso mostrando como la lateralización de algunas metáforas, cumplió con el fin d hacer posible todas las cosas buenas que recientemente han ocurrido.
El cristianismo, Newton, los poetas románticos, por ejemplo, no sabían cuales eran sus propósitos, pero nosotros que llegamos más tarde, podemos contar una historia de progreso, que aquellos que estaban haciendo el progreso no podían contar.
Podemos ver las herramientas que crearon, porque podemos comprender el producto resultante de ellas: nosotros (nuestra conciencia, nuestra cultura, nuestra forma de vida).
Respecto al proceso de cambio, los términos que emplean los fundadores de una nueva forma de vida cultural, consistirán generalmente en préstamos del léxico de la cultura que aspiran a sustituir.
Citando a Dewey, Oakeshott y Rawls, el autor confirma que no tiene utilidad el término “moralidad”, al haberse excluido la noción de “principio de moral”.
Oakeshott sugire que se pude mantener la noción de moralidad, si no la concebimos más como la voz de la parte divina de nosotros mismos, y sí la concebimos como nuestra propia voz como miembros de una comunidad, hablantes de un lenguaje común.
La filosofía moral toma la forma de una narración histórica, antes que la de una búsqueda de principios generales.
Las exigencias de una moralidad, son las exigencias de un lenguaje, y al ser estas contingencias históricas y no intentos de captar la verdadera configuración del mundo y del yo, entonces es válido defender las convicciones morales propias.
Los héroes de la sociedad liberal son el poeta vigoroso y el revolucionario utópico, ya que están protestando en nombre de la sociedad misma, en contra de aquellos aspectos de la sociedad que no son fieles a la imagen que la sociedad tiene de sí misma.
En una sociedad liberal los ideales se pueden alcanzar mediante la persuasión antes que por la fuerza; por la reforma antes que por la revolución.
El poeta y el revolucionario son sus héroes, porque reconoce (la sociedad) qué es lo que es, tiene la moralidad que tiene, habla el lenguaje que habla, no por una relación con la voluntad de dios o la naturaleza del hombre, sino por la creación de poetas y revolucionarios del pasado.
Rorty cree que la sociedad liberal contemporánea ya incluye las instituciones necesarias para alcanzar su propia mejora, y que el pensamiento social y político occidental puede haber tenido la última revolución conceptual que necesita.
Con Foucault difiere en que éste desea llevar nuestra autonomía personal, a nuestras instituciones, lo cual Rorty cree que no puede encarnarse en instituciones sociales, y debe quedar en el plano de la vida privada.
Con Habermas difiere en que éste no acepta que la utopía liberal consiste en una cultura poetizada, contraria a la función que tiene (para Habermas) el lenguaje de descubrir el mundo, la función de resolver problemas. Plantea la necesidad de que la imagen que la sociedad de sí mismo tenga, incluya el universalismo, a la que Rorty contrapone con la disposición de vivir en pluralidad. Sí coinciden ambos en la importancia de las instituciones democráticas tradicionales.
La cultura “poetizada” del autor renuncia a unificar las formas privadas que uno tiene de tratar con la finitud propia y el sentimiento de obligación para con los demás seres humanos.
Rorty quisiera reemplazar las experiencias religiosas y filosóficas de un fundamento suprahistórico, por una narración histórica acerca del surgimiento de las instituciones y las costumbres liberales (cuyo fin es la disminución de la crueldad, el gobierno con el consenso de los gobernados y permitir la libre comunicación).
Tercera Parte
Contingencia
También llamada facticidad, se refiere a la característica de las cosas existentes, y que no existen necesariamente, y a las que pueden llegar a existir, puesto que no son imposibles. En el sentido clásico de la palabra, la contingencia es la característica propia de lo que no existe en virtud de su propia esencia, o de aquello cuya existencia le viene dada de fuera de su naturaleza. Aristóteles usa por vez primera el concepto cuando plantea la posibilidad de dos sucesos contradictorios, aduciendo el ejemplo de «mañana habrá una batalla naval o no la habrá»; la disyunción es necesaria, porque no es más que una aplicación del principio del tercero excluso, pero el acontecimiento a que se refiere no está determinado, porque son posibles ambas alternativas. Este último concepto de posibilidad futura fue denominado en la tradición escolástica futuro contingente, y fue tema de discusión porque se relacionaba con la omnipotencia y la presciencia divinas y la libertad humana. Por otro lado, que algo por propia naturaleza pueda ser y pueda no ser se convirtió en la característica esencial de la naturaleza creada, que existe contingentemente, pudiendo no ser, frente a la característica esencial de la naturaleza increada, Dios, que existe por necesidad de su naturaleza; y ésta es la idea central de una de las pruebas de la existencia de Dios, instituidas por la Escolástica, llamada la prueba de la contingencia. La idea de contingencia radical no tiene sentido más que en una ontología de trasfondo religioso o en el ámbito de un supuesto indeterminismo físico, de inspiración espiritualista. Pero en cuanto se refiere a los acontecimientos que dependen de la voluntad libre humana (futuros contingentes), en vez de contingencia la filosofía moderna prefiere hablar de indeterminación de la voluntad, libertad o imprevisibilidad. Autores hay, no obstante, que se remiten a la contingencia, como Sartre, que la aplica a la existencia humana, carente de toda causa y razón.
EPIST. Cualidad de aquellos enunciados que no están determinados a ser verdaderos o falsos, o no son necesariamente verdaderos o falsos; esto es, que no son ni tautologías ni contradicciones. Una de las modalidades de los enunciados (contingencia lógica) o de las modalidades aléticas (necesario, imposible y contingente).
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Comunidad
(del latín communitas, comunidad, estado común, de communis, que proviene de moenia, murallas, de donde la idea de defensa común, o de munus, oficio, cargo, con la idea de una obligación entre quien lo recibe y quien lo otorga, y de la preposición cum, con). En abstracto, lo que pertenece a muchos como característica, y por esto es común. Al sugerir la participación en un bien que pertenece a todos, «lo común» parece ser la (paradójica) situación originaria del individuo. En los textos de los filósofos presocráticos, «lo común» es la naturaleza o el principio o arkhé, y por lo mismo «lo uno» que se procura captar más allá de las apariencias de multiplicidad, y que es patrimonio de todos, porque pone de manifiesto lo verdadero. Ambas cosas se relacionan en algunos textos antiguos en que la ley común que existe para todos en la sociedad tiene una réplica en la naturaleza, donde ha de existir una ley semejante, o una «razón común» que permite entenderla; así en el fragmento de Anaximandro, el primer texto filosófico conocido de occidente.
EPIST. En Kant, una de las categorías de relación del entendimiento (sustancia, causalidad y comunidad), y que supone la idea de «acción recíproca» entre los fenómenos de la naturaleza.
SOCIOL. En sociología, término de compleja definición, que se entiende por lo general en un sentido abstracto e ideal, referido, por ejemplo, a la «comunidad humana», la «comunidad de naciones» o al «sentimiento de comunidad», o en sentido concreto, referido, por ejemplo, a «comunidad europea» o a «comunidad de vecinos». Es a la vez término descriptivo y normativo, aludiendo siempre a su raíz etimológica que remite a la obligación, o al munus latino. En general puede definirse, aunque con vaguedad, como grupo social que persigue un fin concreto en un determinado sistema social, o bien como conjunto de relaciones sociales establecidas dentro de unos límites geográficos más o menos concretos. Ferdinand Tönnies (1855-1936), para precisar conceptos parecidos, distingue entre los términos Gemeinschaft y Gesellschaft. El primero suele traducirse como «comunidad», y se refiere a un tipo de relaciones (comunitarias) que las personas establecen de forma voluntaria en busca de objetivos que están más allá de los intereses particulares de cada una. El segundo se traduce como «sociedad» y se aplica al conjunto de relaciones (sociales o societarias) que se establecen entre personas que persiguen fines que se identifican con sus intereses particulares. La comunidad sugiere identidad de sentimientos, intimidad, vecindad, amistad, moralidad; la sociedad, relaciones contractuales, racionalidad, competitividad y ética social.
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Liberalismo / Neoliberalismo
El liberalismo es la teoría política y económica que defiende el primado del principio de la libertad individual. Dicha defensa no supone la mera negación de la autoridad (lo que sería entender la libertad en sentido meramente negativo: como opuesta a sus constricciones), sino la afirmación de la autonomía del individuo para seguir reglas racionales. De esta manera defiende que el locus de la libertad es el individuo, por encima del Estado y de la colectividad. Aunque el término se creó posteriormente, como doctrina surgió durante los siglos XVII y XVIII, y arranca de las tesis de Locke, Montesquieu y Adam Smith, entre otros, cuya motivación inicial fue la de oponerse al absolutismo de los monarcas, defender la necesidad de la separación de la Iglesia y el Estado, así como realizar la exigencia de igualdad de todos los hombres ante la ley, y la promulgación de leyes que limitasen el poder de los gobernantes.
Pero, puesto que en estas teorías se manifestaron tesis distintas, tampoco puede hablarse de un significado unívoco de este término. Así, en la actualidad, bajo este término se engloban concepciones bastante distintas, de manera que en los EE.UU., por ejemplo, no se entiende por liberalismo lo mismo que en Europa, hasta el punto de que en aquel país es sinónimo de socialismo o de radicalismo -lo que no deja de ser paradójico si tenemos en cuenta que la revolución norteamericana se realizó bajo la bandera del liberalismo- cuando, en cambio, en Europa, el socialismo se opuso al liberalismo y, a menudo, éste es considerado conservador. Además, debe distinguirse entre las tesis económicas y las tesis políticas del liberalismo.
Como doctrina económica surgió a partir de los fisiócratas y se desarrolló con Adam Smith, quien criticó la economía planificada de los mercantilistas y señaló la conexión entre liberalismo y crecimiento económico, a la vez que defendía la necesidad de separar la economía de la moral, de la religión y de la misma política, considerando que las leyes del mercado y el libre comercio regulan de forma automática la cooperación entre los hombres, por lo que abogaba por una mínima intervención del Estado en las asuntos económicos.
Como teoría política, el liberalismo que se desarrolló en los siglos XVII y XVIII implicaba la secularización social y la exigencia de separar el poder político del religioso, con lo que, al mismo tiempo, se despolitizaba la religión. Además, también contemplaba la necesidad de separar la política de la moral y, como ya hemos dicho, abogaba por la formulación de legislaciones que limitasen el poder de los gobernantes. Si el liberalismo económico surgió en contra del mercantilismo y de las injerencias estatales en la producción económica, el liberalismo político surgió a partir de las teorías iusnaturalistas y contractualistas que insistían en los derechos universales del hombre. De ahí que Locke iniciase la teoría de la separación de poderes y abogase por la discriminación del poder ejecutivo (gobierno) y del poder legislativo (Parlamento). Esta teoría fue completada por Montesquieu que insistió en la necesidad de separar también el poder judicial (tribunales). En su defensa de la igualdad de todos los hombres ante la ley, los partidarios del liberalismo insistían en que incluso los gobernantes debían estar sometidos a la misma legislación. A su vez, para regular los mecanismos de poder, defendieron la necesidad de expresar la voz de la soberanía popular mediante elecciones y organizarla en un Parlamento.
Independientemente de diversas formulaciones específicas, el núcleo teórico del liberalismo, así como su afán secularizador y democratizador, ha sido asumido por todos los regímenes democráticos y ha sido recogido en las declaraciones de los derechos del hombre (Francia, 1776 ; EE.UU., 1791), razón por la cual a estas tesis más que propiamente liberales se las considera, en general, demócratas y no pueden considerarse patrimonio de ningún partido u organización política, sino que forman parte de un bagaje político general al que solamente se oponen los regímenes totalitarios. El hecho de que estas tesis sean actualmente aceptadas de forma generalizada no significa que se acepten de la misma manera las bases teóricas que inicialmente las originaron. Es decir, puede aceptarse la necesidad de la separación de poderes o la necesidad del sufragio democrático, pero no tiene por qué aceptarse que esto sea un corolario necesario de la necesidad de preservar la propiedad (como defendía Locke, por ejemplo), ni tampoco que ello deba ser así porque se corresponde con una hipotética naturaleza humana inmutable.
Precisamente porque en buena parte las tesis-marco generales del liberalismo son independientes de los puntos de partida que las engendraron, ha habido diversas variantes históricas de esta doctrina. En especial, se puede considerar una variante más bien conservadora, representada por Locke, Montesquieu, Adam Smith y Tocqueville, y una variante radical, que ha tenido en el utilitarismo de Bentham su exponente más conocido y que, en algunas ocasiones, debido a la tesis de la necesidad de reducir el Estado a la mínima expresión, se ha acercado a tesis anarquistas.
En sus variantes más conservadoras, el liberalismo ha tendido a menospreciar las diferencias concretas del punto de partida de los individuos. Basándose en una formulación abstracta de la «igualdad de todos los hombres», ha conducido hacia la confusión demagógica entre la defensa de dicha igualdad como ideal, con la declaración de la igualdad como punto de partida. De esta manera, bajo la demagogia de considerar que todos los hombres son iguales según el derecho, pero sin considerar el punto de partida realmente desigual de hecho, la defensa de estas tesis de manera abstracta implica la perpetuación de los privilegios de las clases dominantes, que se amparan en unas leyes de mercado hipotéticamente justas y objetivas pero que esconden un punto de partida desfavorable para los desposeídos. Este es el núcleo de la crítica que desde el marxismo se ha efectuado a los aspectos económicos e ideológicos del liberalismo.
A raíz de esta crítica, y en el contexto de la Primera Guerra Mundial y de la revolución bolchevique y, posteriormente, a causa de la crisis del sistema bursátil en los años treinta, las tesis estrictamente liberalistas fueron corregidas, y se defendió la necesidad de mecanismos correctores de las desigualdades por parte del Estado. J.M. Keynes fue el artífice de esta nueva visión económica más proclive al intervencionismo corrector. Pero, posteriormente, el liberalismo político y económico ha resurgido con fuerza bajo el nombre de neoliberalismo, y ha impregnado las tesis de las escuelas económicas contemporáneas, así como los regímenes políticos de muchos países occidentales. El núcleo del neoliberalismo surgió ya prontamente. De hecho comenzó con el «coloquio Lippman» en 1938, y se prosiguió con las tesis del economista y sociólogo August von Hayek (premio Nobel de economía en 1974). En el terreno político, el neoliberalismo defiende la primacía de la libertad sobre la igualdad, y de los derechos individuales sobre los colectivos. En el terreno filosófico se nutre de la sociología de Durkheim y de las filosofías de la «muerte del sujeto», de donde extrae la tesis del individualismo metodológico, que defiende que todos los fenómenos sociales son fruto de la interacción de individuos guiados por sus elecciones intencionales.
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Pragmatismo
(del griego BD(:", pragma, acción) Escuela filosófica surgida en los EE.UU. a finales del s. XIX y comienzos del XX, cuyos propulsores más destacados fueron Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey. Peirce fue el iniciador del método que implica este sistema, formulando el principio de que el interés e importancia de un concepto reside únicamente en los efectos directos que consideramos pueda tener en la conducta humana. A este método de otorgar significado a los conceptos, tendente a eliminar lo metafísico, llamó Peirce «pragmatismo» (que luego cambió por «pragmaticismo» para diferenciarlo de lo que él creía que eran desviaciones de su pensamiento), inspirándose en la praxis de la filosofía griega y la «práctica» de Kant. Estas ideas iniciales se difundieron entre los miembros del denominado «Club metafísico» de Cambridge, entre los cuales se contaba W. James. Éste las popularizó sobre todo con su obra Pragmatismo, de 1907. James generalizó la búsqueda del sentido no sólo de los términos, sino también de las grandes cuestiones metafísicas, y la configuró como una teoría sobre la verdad (ver texto ). Según James, más que en un acuerdo o concordancia con la realidad, la verdad consiste en lo que es ventajoso para el pensamiento, o en la consecución de una relación satisfactoria con la realidad; la ventaja y la
satisfacción se refieren a lo útil, o a lo práctico; «verdadero» es una clase de «bueno»(ver texto ).
Ese aspecto relativista del pragmatismo fue corregido, o discutido, por J. Dewey que analiza el concepto de lo «verdadero en la práctica» en términos que se acercan a los requisitos de una investigación científica. Dewey llamó instrumentalismo a su manera de enfocar el pragmatismo: el conocimiento es un proceso de investigación, en el cual las ideas son los instrumentos (ver texto ); de ellas no decimos propiamente que sean verdaderas o falsas en sí mismas, sino que los medios de que nos valemos para investigar cuáles de nuestras creencias sirven para resolver nuestros problemas son de índole variada; el término de la investigación no es la verdad o la certeza absoluta, sino una«afirmabilidad
garantizada», esto es, un prudente juicio práctico que se apoya en el conjunto de afirmaciones que desarrolla metódicamente la empresa (comunidad) científica. Dewey ha sido considerado como uno de los filósofos americanos más influyentes del presente siglo: muchas de sus ideas han repercutido en diversos aspectos de la educación, la ética, la sociología y la política.
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